jueves, 11 de febrero de 2016

LAS ILUSIONES QUE DESPIERTA LA VISITA AL GOBERNADOR DE BOYACÁ.

Cola interminable en la gobernación de Boyacá, para hablar con el mandatario.

Muy ordenado el señor gobernador de Boyacá, Carlos Amaya Rodríguez, al fijar, no sabemos si  por decreto, los días de visita para los señores diputados a la Asamblea de Boyacá; a los señores alcaldes municipales de todo el departamento y a los ruanetas como él, es decir a la gente del común.

Y así lo ha venido cumpliendo estrictamente.

No sabemos que órdenes tendrán las señoras de servicios generales de servirle a los visitantes, según su rango y estatus: tinto para todos los ruanetas, según el número de llegada. A los primeros 10 o a los primeros 20; pero imposible a todos los que aspiran a conversar con el señor gobernador, porque de ser así, se acabarían en un día las existencias de café y azúcar previstas por los servicios generales para todo el trimestre. Son más de 263 los visitantes del común que en su día aspiran a contarle sus cuitas al gobernador Amaya Rodríguez.


Es posible que a los señores diputados les ofrezcan según sus pedidos y gusto: tinto, perico que es el mismo pintadito (la aclaración vale, para evitar sutilezas) té, gaseosa, agua saborizada y hasta refrigerio.

Y a los señores alcaldes municipales,igualmente lo que se les antoje, pero eso sí teniendo en cuenta las estadísticas electorales de cada municipio, que favorecieron al señor gobernador.
No es raro que algunos le lleven una ruana nueva.

El caso es que no habrá torta para tanta gente.


Las centenares de personas que hacen ordenadamente la fila para hablar con el señor gobernador Amaya comienzan a llegar a las 4:00 a.m. y los últimos se van pasadas las 7:00 de la noche. Han llevado su desayuno, su almuerzo y su comida, para no salirse de la cola.

Pero le han llevado al gobernador, las necesidades que tienen, ilusionados en que Carlos  Amaya Rodríguez, como lo prometió en su campaña, les resolverá favorablemente sus pedidos.

“Yo lo recibí en mi casa con su comitiva y los atendí con el mejor trago, hasta que se fueron",  dirán algunos. “Maté cincuenta pollos de mi corral  para ofrecerle el piquete, cuando visitó mi municipio”, expresan otros y así todos, muy confiados en que el gobernador los volverá a abrazar y volverá a tomarse la foto con ellos diciéndoles al oído que los esperará en su despacho de la gobernación, de ser elegido.

A la espera del señor gobernador Amaya Rodríguez.

Y otra vez caerán cuando un funcionario los encamine a un salón con asientos, esperanzados en que el gobernador aparecerá y atenderá a sus necesidades. Allí durarán sentados durante 3 horas, hasta cuando aparecerá una señorita para anotar nombres y celulares con la promesa que el señor gobernador los llamará personalmente, diciéndoles que  “ahorita no los puede atender porque le llegó una visita de la Santa Sede”

Todos regresarán con el “rabo entre las piernas” hasta su municipio  de orígen, pero contentos, a esperar la llamada del gobernador Amaya, ¡claro! que no se producirá jamás.

Hernán Castro Rodríguez, Editor de Vemos y Escuchamos.   




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